¡Buenos días princesa!
¡He soñado toda la noche contigo!

miércoles, 29 de junio de 2011

Me he convertido en una niña enamorada que todo le recuerda a ti.

Te prometo que lo he estado intentando. Intentando sacarte de mi mente, hacer un gran borrón y cuenta nueva, olvidar, tener amnesia, cómo me gustaría tener esa amnesia... No porque no haya sido bonito, porque no te haya querido o porque tú no me quieras, no. Tener amnesia para poder dormir por las noches, levantarme cada mañana con una cosa distinta en mi mente, una cara distinta día a día, que mis amigas me viesen feliz...

Porque te echo de menos, y me siento débil, muy débil. Empiezo a perder mis fuerzas, mis ánimos, mi felicidad. No porque te la hayas llevado, sino porque se fue desde que no estás.
Te prometo que me pongo un objetivo día a día, que vivo como siempre he querido, que a mi alrededor todo está bien, pero soy yo. He dejado de ser yo, de que me importen los mínimos detalles, de que viva el día a día como si fuese el último en mi vida. He dejado de preocuparme por lo que verdaderamente importa. Me he convertido en una niña enamorada que todo le recuerda a ti. Que es incapaz de borrar recuerdos, o dejarlos en otro lado, para que se conviertan en solitarios y poco a poco desvanezcan.
He empezado a llorar por las noches sin cuestión alguna. A que esto, y con esto me refiero a lo que hubo y se quedó estancado en un pasado no tan lejano, en un laberinto sin salida, en un mar sin islas, se haya marchitado. A que me duela, a convertirlo en un deseo que no se puede cumplir, ya se cumplió.
He empezado a usar la típica frase: "ya lo he olvidado"; "ya no me gusta, y muchos menos le quiero"; "no significó nada"; "fue bonito mientras duró"; "no le echo de menos". Pero a quién quiero engañar. Te echo de menos cada día y pienso que aún podría ser bonito. Significó más de lo que otras personas han podido significar, me gustas, y posiblemente aún te quiera. Y no, muy a mi pesar, no te he olvidado.