¡Buenos días princesa!
¡He soñado toda la noche contigo!

martes, 13 de diciembre de 2011

Una envidia futura a la felicidad presente.


Cuando las cosas van bien, existe ese miedo constante a que todo pueda romperse de repente. Una inutilidad dónde las haya, pero irremediablemente existente. Es como cuando comes fresas con nata y lamentas desde el principio que se van acabar en a penas minutos. Lo definiría, en parte, como una envidia futura a la felicidad presente.
Pero la envidia no es felicidad, así que intentas tomártelo como un algo efímero pero increíblemente valioso, porque todos tenemos problemas, y no por ello la vida deja de tener sentido.
O quizá no, quizá la consciencia de esa velocidad vital nos lleve a obsesionarnos de tal forma con aprovechar cada detalle al máximo, que acabamos perdiendo el norte. Como cuando intentas saborear tanto la última fresa que acaba perdiendo el sabor del final.
Pero poco a poco, caes lentamente en la cuenta de que has perdido más de la mitad de tu tiempo descubriendo cómo afrontas las pequeñas cosas, pensando en si das una mayor o menor importancia a los hechos, pasando media vida hablando de que "tenemos que hablar".
Tiempo perdido, y sobre todo,
muchas fresas sin comer.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Botellines de cerveza tirados por el suelo.

Hemos empezado a arreglar problemas que dábamos por perdidos y a dejar de poner excusas a lo que antes queríamos.
Han salido a relucir algunos secretos que guardados estaban mejor, pues ahora nos hacen más débiles.
Las letras de las canciones empiezan a cobrar un poco de sentido y los fines de semana son mejores si los paso contigo.
Botellines de cerveza tirados por el suelo; las sábanas revueltas y desechas, nosotros entre ellas y las luces apagadas. Solo un rayo de luz que entra por la ventana para avisarnos que está empezando a salir el sol.
Sale el sol, como la canción de Shakira. Un poco de fiesta y algunas lagunas mentales de donde los besos en un callejón de alguna esquina hablaban más que un par de palabras.
Un poco de sexo prohibido, y a escondidas, para que resulte más morboso.
Acostarme contigo y desaparecer por la mañana, fuera los compromisos.
Hacer como si fuésemos unos desconocidos, sentados en la barra de algún bar, con miradas que hasta el camarero podía entender.
Que dejen de haber te quieros y discutir contigo; echarte de menos.
Ven, que vamos a ser sinceros, yo te comeré la boca y tú rescatarás los te quieros.