¡Buenos días princesa!
¡He soñado toda la noche contigo!

sábado, 11 de diciembre de 2010

Juguemos al escondite.

Hasta que punto hemos llegado que todo nos ha salido mal.
El dolor empieza a hacer efecto y empieza a salir de su escondite para seguir jugando un rato, como si nada; ahora es él quien cuenta hasta un número infinito y la sonrisa se esconde.
Las lágrimas empiezan a caer como gotas de lluvia en un día de tempestad absoluta, mientras que, la soledad, empieza a hacer efecto y el frío entra en el cuerpo y el calor se agota.

Mientras otros se matan a reír y lo único que les llega a doler es la tripa de tanta risa en un solo minuto, tú y yo, aquí, sentados mirándonos fijamente como si no existiera nada más que este cuarto vacío con un par de muebles, una cama y una televisión en la que solo saben hablar de los cotilleos más absurdos que jamás se habían escuchado hasta entonces. Un par de "lo siento" y unos abrazos tampoco sirven de mucho a la hora de la verdad, y tampoco arreglan las cosas cuando se es necesario.
Y las lágrimas te ayudan a desahogarte, a terminar con un poco de rabia que se ha pegado con super blue en el cuerpo y no le apetece despegarse; pero no hacen nada más.
Y por mucho que intentemos sonreírnos, reírnos e intentar echar la vista atrás para darnos cuenta de que lo sucedido simplemente ha sido un bache en un camino lleno de piedras que hay que intentar esquivar, nada volverá a ser como ayer, pero tampoco como mañana. Y tú y yo empezaremos a ser diferentes, dejaremos de ser los mismos, y el amor desaparecerá.

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