El dolor empieza a hacer efecto y empieza a salir de su escondite para seguir jugando un rato, como si nada; ahora es él quien cuenta hasta un número infinito y la sonrisa se esconde.
Las lágrimas empiezan a caer como gotas de lluvia en un día de tempestad absoluta, mientras que, la soledad, empieza a hacer efecto y el frío entra en el cuerpo y el calor se agota.

Mientras otros se matan a reír y lo único que les llega a doler es la tripa de tanta risa en un solo minuto, tú y yo, aquí, sentados mirándonos fijamente como si no existiera nada más que este cuarto vacío con un par de muebles, una cama y una televisión en la que solo saben hablar de los cotilleos más absurdos que jamás se habían escuchado hasta entonces. Un par de "lo siento" y unos abrazos tampoco sirven de mucho a la hora de la verdad, y tampoco arreglan las cosas cuando se es necesario.
Y las lágrimas te ayudan a desahogarte, a terminar con un poco de rabia que se ha pegado con super blue en el cuerpo y no le apetece despegarse; pero no hacen nada más.
Y por mucho que intentemos sonreírnos, reírnos e intentar echar la vista atrás para darnos cuenta de que lo sucedido simplemente ha sido un bache en un camino lleno de piedras que hay que intentar esquivar, nada volverá a ser como ayer, pero tampoco como mañana. Y tú y yo empezaremos a ser diferentes, dejaremos de ser los mismos, y el amor desaparecerá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Secretos.