El frío cala hondo, llega para quedarse y te arrastra para no derrumbarse. Quiere cambiar tu vida y romper todos tus esquemas. Dejarte sin expectativas y vivir de todo lo viejo que ahora quema por dentro. Como la impotencia de una lágrima que no quiere caer por el vértigo o una sonrisa que no asoma por tener demasiados complejos. Todo el amor guardado en este tiempo, todas las noches queriendo un poco de eso que te llena cuando estás vacío por dentro. Algo que te haga llorar para sentir que todavía sabes como romperte en mil pedazos. La ansiedad que desgasta, como los pensamientos que se tienen al saber que cada día estás un poco más muerto. Porque la vida se me escapa de entre las manos, toma demasiados caminos innecesarios y me lleva a la autodestrucción sin tener ningún reparo. En una cárcel de dolor, en un infierno de placer y pecado, en una esquina o en cualquier tejado. Recuérdame porqué sigo sintiendo, porqué sigo pensando. Se me van de las manos, el tiempo que no para y las lágrimas en vano. Las agujas resuenan y yo quiero ser ellas. Encerrada junto al tiempo pero sin verlo pasar. Marcando los compases pero sin llegar a sabérmelos. Indiferente, pero con gente preocupada porque yo me desgasto. Quiero ser una aguja con eternidad dependiente de unas pilas. Quiero depender de no ser dependiente. Quiero ser su muerte, y si quiero, volver a cero para darles vida. Ser su contador, ese que les lleva por caminos de amargura, y a veces, les da alegría. Quiero que por mí se derramen lágrimas y también se regalen sonrisas. Quiero que miren como no paro, como nunca me detengo porque hago algo de provecho. Nunca iré a ninguna parte, pero es todo porque no sé de dónde vengo. Quiero ser tiempo que se desgasta pero sigue siendo eterno.Quiero ser eso que se te va de las manos porque no puedes pararlo. Hazte adicto a mí y verás todo el daño que hago. Porque me rompo y también puedo romperte a ti si haces algo innecesario. Destrozo y derribo. Construyo y nunca recapacito. Quiero ser algo que todos tienen en cuenta, pero que hasta que no se apaga, no se entiende cuan valioso era.
¡Buenos días princesa!
¡He soñado toda la noche contigo!
domingo, 29 de enero de 2012
viernes, 6 de enero de 2012
La lluvia no para de susurrarme.
Recaigo en la adicción de tu invierno mientras todo se vuelve ruidoso tras mi retina. Huele a cafeína y a sueños atrapados bajo el colchón, la lluvia no para de susurrarme. Me duelen los huesos, aunque en realidad no los siento, solo noto el sabor amargo de la nostalgia. Nostalgia a mis recuerdos. Nostalgia a la nada en su significado absoluto. Guardo tus misterios en una taza de té, me los trago a palo seco y procedo a temblar de frío, tras notar el calor desaparecer de mi organismo. El calor del invierno me derrite el corazón, y aún así no consigue curarlo.
Veo pasar tus días, los míos, y me pierdo en la rutina, resbalo en el eco de tus mañanas, la melodía de sus prejuicios. Me miro y no veo nada más que lo que el pasado decidió olvidar, lo que podría haber sido, lo que nunca seré. Me camuflo en los viernes, que nunca me dejan en paz. La lluvia me desconcentra, me deja aturdida. Me llega hasta lo más hondo del alma. La cabezonería me nubla la vista y el orgullo me deja mal sabor de boca. Me dejo caer en lo que queda de sentido, no me arrepiento ni me voy a dar la oportunidad de hacerlo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)