Nadie vino a decirme que lo que estábamos haciendo en todo momento estuvo mal.
Que querernos era pecado y odiarnos era la mejor solución para seguir con vida.
Todas las miradas y caras tristes irán a parar al Sol; y nuestras ganas de volar por el aire se quedarán.
Parece que nos hemos convencido y todas las promesas se rompen poquito a poquito, al igual que nuestros sentimientos y nosotros mismos.
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