¡Buenos días princesa!
¡He soñado toda la noche contigo!

domingo, 31 de octubre de 2010

Lo que más le dolió fue ver su rostro lleno de lágrimas, aún sin conocerla, se acercó, le limpió su bella cara de niña inocente, la levantó del suelo y le dijo con una sonrisa de oreja a oreja:
-Tranquila, en ocasiones solo te hace falta limpiarte un poco el barro de las manos y seguir hacia delante- le dijo él, y ella, como una muchacha adolescente que era, sonrió, rió y dejo de llorar.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Joder, piensa en la cosa que más te duela, pero la que más sin duda alguna.
Recuerdala como nunca lo has hecho, y como nunca lo hiciste.
Empieza a llorar, ya es hora.
Y mientras lo haces piensa en otras cosas que te duelen, y mucho. De esas que eres incapaz de perdonar.
Llora.
Ponte a picar una cebolla.
Ahora ya no puedes decir que no lloras agusto eh.
Entonces hagámoslo juntos.
¡Y ahora qué coño hago yo si me gusta!

sábado, 16 de octubre de 2010

LM#

Y empiezo a necesitarte como nunca lo he hecho.

Tus viejos abrazos cálidos y dulces empiezan a convertirse en un recuerdo algo ya olvidado con el paso del tiempo, aquel que siempre te juega malas pasadas.
He dejado de recordar cómo era tus besos puesto que recordarte duele, más de lo qué te puedas llegar a imaginar.
He empezado a encontrar viejas fotos y viejos recuerdos de los cuales ni siquiera era capaz de acordarme. Sí, con el tiempo va el olvido, cogidos de la mano y pegados con superblue, para no separarse y empezar a hacer cicatrices de esas, que cuando estiren e intenten no estar juntos hagan daño, tanto que tarden mucho tiempo en cicatrizar y curarse, el justo como para empezar a llorarte.
Con el paso de los minutos al empezar a observar imágenes que creía borradas, eliminadas y desechadas de mi vida, me he dado cuenta de que nada es lo que parece ni nadie lo es. Que todos cambiamos, y que no está nada mal un cambio de vez en cuando; si no es brusco claro.
Ahí tú te has lucido, pegaste el cambio de tu vida, de los grandes, de esos que te hacen darte cuenta más tarde de lo que perdiste.
Aunque te esté echando de menos no quiere decir que no esté enfadada contigo, puesto que sabes que soy orgullosa; como nadie y, que quieras o no, te lo mereces.
Que las segundas oportunidades existen, y tú siempre has tenido un tren para subirte, un vagón particular con cama, baño e incluso una sirvienta para que te sintieras cómodo. La incógnita al respecto, ¿alguna vez decidirás subirte y decirle al maquinista que puede salir de tu ciudad? ¿Que puede empezar a echar carbón a la maquinaria?
Suena irónico, ¿verdad? Yo aquí, contándote todo esto, como si necesitara que lo hicieras, mientras que a veces la cobardía puede al querer.