Y empiezo a necesitarte como nunca lo he hecho.
Tus viejos abrazos cálidos y dulces empiezan a convertirse en un recuerdo algo ya olvidado con el paso del tiempo, aquel que siempre te juega malas pasadas.
He dejado de recordar cómo era tus besos puesto que recordarte duele, más de lo qué te puedas llegar a imaginar.
He empezado a encontrar viejas fotos y viejos recuerdos de los cuales ni siquiera era capaz de acordarme. Sí, con el tiempo va el olvido, cogidos de la mano y pegados con superblue, para no separarse y empezar a hacer cicatrices de esas, que cuando estiren e intenten no estar juntos hagan daño, tanto que tarden mucho tiempo en cicatrizar y curarse, el justo como para empezar a llorarte.
Con el paso de los minutos al empezar a observar imágenes que creía borradas, eliminadas y desechadas de mi vida, me he dado cuenta de que nada es lo que parece ni nadie lo es. Que todos cambiamos, y que no está nada mal un cambio de vez en cuando; si no es brusco claro.
Ahí tú te has lucido, pegaste el cambio de tu vida, de los grandes, de esos que te hacen darte cuenta más tarde de lo que perdiste.
Aunque te esté echando de menos no quiere decir que no esté enfadada contigo, puesto que sabes que soy orgullosa; como nadie y, que quieras o no, te lo mereces.
Que las segundas oportunidades existen, y tú siempre has tenido un tren para subirte, un vagón particular con cama, baño e incluso una sirvienta para que te sintieras cómodo. La incógnita al respecto, ¿alguna vez decidirás subirte y decirle al maquinista que puede salir de tu ciudad? ¿Que puede empezar a echar carbón a la maquinaria?
Suena irónico, ¿verdad? Yo aquí, contándote todo esto, como si necesitara que lo hicieras, mientras que a veces la cobardía puede al querer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Secretos.