¡Buenos días princesa!
¡He soñado toda la noche contigo!

domingo, 31 de octubre de 2010

Lo que más le dolió fue ver su rostro lleno de lágrimas, aún sin conocerla, se acercó, le limpió su bella cara de niña inocente, la levantó del suelo y le dijo con una sonrisa de oreja a oreja:
-Tranquila, en ocasiones solo te hace falta limpiarte un poco el barro de las manos y seguir hacia delante- le dijo él, y ella, como una muchacha adolescente que era, sonrió, rió y dejo de llorar.

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