Lo que más le dolió fue ver su rostro lleno de lágrimas, aún sin conocerla, se acercó, le limpió su bella cara de niña inocente, la levantó del suelo y le dijo con una sonrisa de oreja a oreja:
-Tranquila, en ocasiones solo te hace falta limpiarte un poco el barro de las manos y seguir hacia delante- le dijo él, y ella, como una muchacha adolescente que era, sonrió, rió y dejo de llorar.
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