Discutir el nombre de ese nuevo corazón interior. Llamarte por tu no-nombre. Saber que estoy inevitablemente e irrevocablemente amarrada a ti. Verte a rayas y a veces verte en arco iris. Alimentarme de tus lágrimas bonitas y echar a ascuas las jodidas. Descubrir que has cambiado el punto de libro y lo has puesto otra vez en el prólogo. Sin final. Bailar agarrados de ojos y cabeza entre el parqué. Jugar a esconderse y encontrarte. Siempre encontrarte. Imaginar que estamos en el metro sin ganas de desenamorarnos y con frases de película. Sal de ese bolsillo de chaqueta tejana, no te sienta bien estar sin nuestros besos. Explicarte lo que hemos sido en todo este tiempo aunque seamos norte y sur. Septiembre. Mayo. Tengo ganas de ti. El mundo de verdad solo han sido nueve meses. Sin-fin vivido sin querer. Nacimiento entre mentiras y final amargo, derrochando odio sin parar. Ganas de arrojarme en medio de la carretera, ganas de dejarse llevar, intuir lo que vendrá, morir. Una vez en el lugar adecuado, voy a encontrar el tiempo. Los puntos suspensivos me han dicho que tengo que hacerlo sola. Todo te lo has inventado, yo solo creía que los helados sabrían a algo mientras tu estuvieras aquí. Te quiero tanto, tanto. Pero es verdad. Te vas. Te has ido. Y yo sigo aquí, con los zapatos desabrochados y un sentimiento aún no descubierto.
¡Buenos días princesa!
¡He soñado toda la noche contigo!
martes, 24 de mayo de 2011
Las temperaturas se han marchado con el norte.
Como un cojo pintando, como un ciego que roza las imágenes en mitad de la noche, en sus sueños. Algún día fueron reales. Me mantengo al límite y empiezo a preguntarme qué es verdad.
Debe haber un camino que jamás empecé, y un final que ni si quiera atreví a imaginar. Me he mantenido días y más días hablándole a ese camino, sin importar que sea real o no. Hoy charlar con una ilusión es el resultado de mis dedos. Yo, y mi arte atrofiado impedimos desde un principio que se materializase aquel sendero.
Ahora desde donde relinchan disparos de salida, no hay más que una bala humeante, olor a pólvora burlona. Sin metas, sin senderos, con imágenes derretidas.
Debe haber un camino que jamás empecé, y un final que ni si quiera atreví a imaginar. Me he mantenido días y más días hablándole a ese camino, sin importar que sea real o no. Hoy charlar con una ilusión es el resultado de mis dedos. Yo, y mi arte atrofiado impedimos desde un principio que se materializase aquel sendero.
Ahora desde donde relinchan disparos de salida, no hay más que una bala humeante, olor a pólvora burlona. Sin metas, sin senderos, con imágenes derretidas.
Tan solo quedan dos balas a ese pistolero y tú absuelto del peso de la culpa, te retratas como una batalla perdida, y continuas ahí en el comienzo de un camino, mientras la arena vuela y te empapa los cabellos.
Ahora lograr entender es quizá tu capricho más prohibido, ahora tan solo un lugar parece desvanecerte con la gracia de los desiertos. Es ese lugar en el que encajar, siempre hay algún lugar al que mirar.
Viento y más viento, bolsas elevándose, inundadas de aire hirviendo.
En unos segundos te diré que todo ha terminado, que las temperaturas se han marchado con el norte y ya no hay donde más correr. Déjame ser la doctora de tus momias, busco y busco esa sangre fluctuante en tus brazos envejecidos ¡pero si no eres más que un crío! con la boca sedienta, ¿no quieres un poco de agua?
Pronto me digo he aquí... ¡Restos de un pulso vivaz se distorsionan entre tus antebrazos, no te dejes morir, no me dejes vencer! No quiero que formes parte de mi necrópolis, yo solo quiero verte galopar, como una hiena harta de carroña...
Presionan el gatillo. Fin de la carrera.
Después de tí, fallece el aroma de bala.
Después de tí, fallece el aroma de bala.
domingo, 1 de mayo de 2011
Lo que le falta al tiempo.
Tantos años pasando la vida, percibiendo a través de la cámara los dolores ajenos. Haciendo como si todo tuviera un sentido, o dos, o tres. Metiéndose a hacer arqueología del alma en los ojos de los fotografiados, ausentes con cara de pasar por la vida sin pena y con gloria. La gran mentira. Muchos de ellos, con sus existencias disonantes y sus deseos aparcados.
Tantos años buscando desenmascarar unas realidades universales ocultas, que sólo la madurez enseña sin piedad. Que la vida es un ir y venir de la nada a la nada. Que somos unos pobres hámsteres enjaulados, haciendo girar una rueda que no nos lleva a ninguna parte y, a cambio, nos agota hasta hacernos creer que hemos recorrido muchos kilómetros de vida y que nuestro esfuerzo ha valido la pena y merecemos dormir, porque mañana será otro día. Más ilusiones, nuevas metas o retos que nos vuelven a hacer girar la rueda, para andar, andar y andar, sin dar ni un solo paso que nos conduzca a algún paraíso perdido donde todo cobre un sentido.
Sí. Estaba aburrida, y vacía, y sin ánimos, y se sentía sola, inmensamente sola y con el alma cansada.
Tantos años buscando desenmascarar unas realidades universales ocultas, que sólo la madurez enseña sin piedad. Que la vida es un ir y venir de la nada a la nada. Que somos unos pobres hámsteres enjaulados, haciendo girar una rueda que no nos lleva a ninguna parte y, a cambio, nos agota hasta hacernos creer que hemos recorrido muchos kilómetros de vida y que nuestro esfuerzo ha valido la pena y merecemos dormir, porque mañana será otro día. Más ilusiones, nuevas metas o retos que nos vuelven a hacer girar la rueda, para andar, andar y andar, sin dar ni un solo paso que nos conduzca a algún paraíso perdido donde todo cobre un sentido.
Sí. Estaba aburrida, y vacía, y sin ánimos, y se sentía sola, inmensamente sola y con el alma cansada.
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