¡Buenos días princesa!
¡He soñado toda la noche contigo!

martes, 24 de mayo de 2011

Las temperaturas se han marchado con el norte.

Como un cojo pintando, como un ciego que roza las imágenes en mitad de la noche, en sus sueños. Algún día fueron reales. Me mantengo al límite y empiezo a preguntarme qué es verdad.
Debe haber un camino que jamás empecé, y un final que ni si quiera atreví a imaginar. Me he mantenido días y más días hablándole a ese camino, sin importar que sea real o no. Hoy charlar con una ilusión es el resultado de mis dedos. Yo, y mi arte atrofiado impedimos desde un principio que se materializase aquel sendero.
Ahora desde donde relinchan disparos de salida, no hay más que una bala humeante, olor a pólvora burlona. Sin metas, sin senderos, con imágenes derretidas.

Tan solo quedan dos balas a ese pistolero y tú absuelto del peso de la culpa, te retratas como una batalla perdida, y continuas ahí en el comienzo de un camino, mientras la arena vuela y te empapa los cabellos.
Ahora lograr entender es quizá tu capricho más prohibido, ahora tan solo un lugar parece desvanecerte con la gracia de los desiertos. Es ese lugar en el que encajar, siempre hay algún lugar al que mirar.
Viento y más viento, bolsas elevándose, inundadas de aire hirviendo.
En unos segundos te diré que todo ha terminado, que las temperaturas se han marchado con el norte y ya no hay donde más correr. Déjame ser la doctora de tus momias, busco y busco esa sangre fluctuante en tus brazos envejecidos ¡pero si no eres más que un crío! con la boca sedienta, ¿no quieres un poco de agua?
Pronto me digo he aquí... ¡Restos de un pulso vivaz se distorsionan entre tus antebrazos, no te dejes morir, no me dejes vencer! No quiero que formes parte de mi necrópolis, yo solo quiero verte galopar, como una hiena harta de carroña...
Presionan el gatillo. Fin de la carrera.
Después de tí, fallece el aroma de bala.

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