¡Buenos días princesa!
¡He soñado toda la noche contigo!

miércoles, 27 de julio de 2011

Dime que tienes diez céntimos para dos chicles y muchas ganas de viajar.

¿Sabes? Me he dado cuenta que no puedo engañar a nadie diciendo que no te he estado echando de menos, que no pensé en ti, que ya no recordaba cuál era tu nombre.
Y por raro que parezca, no es amor. Es tan extraño como tú.
Tú, con esa capacidad para hacer que todo sea único. Con tu bordería por instantes, con tu sequedad. Con infinitas características, eres capaz de hacer que el tiempo no se lleve las palabras.
A decir verdad, he de confesar que tienes razón: me importaste, y quizás aún lo hagas.
Créeme cuando te digo que unas cuantas veces pensé en decirte algo, en parar el reloj a las doce en punto para no cambiar de día y preguntarte cómo te iban las cosas. Aunque te resultase extraño por aquél orgulloso final; y digo orgulloso porque el orgullo siempre nos pudo. Quizás sea nuestro fuerte.
Tus ganas de fastidiar, mis ganas de darle mil vueltas a las cosas, tus ganas de hablar, mis ganas de volar.
Y que quizás todo esto solo sea fruto de un par de palabras y de dos mentes locas con ganas de olvidar.

Vámonos. Dime que tienes diez céntimos para dos chicles y muchas ganas de viajar. Que contigo me voy al fin del mundo. Que con estar en silencio es suficiente, que no hace falta hablar por el camino. Que dormiré contigo cada noche en mitad del desierto. Sin coches, sin personas, sin ruido.
Solo tú y yo. Nosotros.

domingo, 24 de julio de 2011

Desde que has vuelto a mi vida, hemos vuelto a la rutina.

Por una vez me gustaría que lo intentásemos. Intentar a ser sinceros, a decirnos todo lo que no fuimos capaces de decir. A comernos la boca con un solo beso. A callarnos con él.
Por una vez me gustaría que todo fuese un tanto distinto. Que perdieses la cabeza y nos largásemos de aquí. Que me lleves a lugares que aún no he visto.
A entrar en un bar, irnos sin pagar, salir corriendo, huir, acabar perdidos en un callejón...
Que entre risas y carcajadas se pasen las horas. Quedarnos en silencio, tú aislado con tu ego, mientras yo juego a inventar historias aún no contadas.
Por una vez me gustaría que saliésemos de esta rutina diaria que con el paso de los meses nos ha ido destruyendo poco a poco.
Por una vez me gustaría que hablases hasta perder el conocimiento.
A ser tú, yo, nosotros.

domingo, 17 de julio de 2011

Pero no te confíes...

Durante algún tiempo estuve planteándome la idea de que fueses algo. Algo pequeño, insignificante... pero algo.
Admito que contigo siempre sobraron las palabras, aunque eso era lo que más nos caracterizaba, las pocas palabras. Eras de esos a los que no tenía que darle explicaciones de cada cosa que sucediera; que aunque te importase, tu orgullo siempre saldría vencedor de la batalla.
Fuiste de esos que en pocos meses entran dentro de ti, se agarran bien fuerte, y cuando llega la hora de irse, te dejan una cicatriz muy grande.
Pero sabes, han pasado tantas cosas en tan poco tiempo que ni me paro a echarte de menos.
Admito que alguna que otra vez me picó la curiosidad por saber cómo te iban las cosas y qué era de ti. Admito que alguna que otra vez miré tus fotos y recordé viejas conversaciones, viejas historias, viejas palabras.
Palabras que sin duda alguna, ahora son monedas de cambio. Palabras que ni recordarás. Como otras tantas cosas; aunque siendo sinceros a estas alturas de la vida, la memoria nunca fue tu fuerte.
Y quizás, por esa memoria tan mala, ahora actúes como si nunca hubiese sucedido algo, como si todo fuese alguna historia inventada, salida de alguna que otra mente con demasiada imaginación. Quizás por esa tan mala memoria que te caracteriza, por tu enorme orgullo, por el mío, nos encontremos en esta situación.
Quizás todo sea culpa de las apariencias.