¡Buenos días princesa!
¡He soñado toda la noche contigo!

domingo, 17 de julio de 2011

Pero no te confíes...

Durante algún tiempo estuve planteándome la idea de que fueses algo. Algo pequeño, insignificante... pero algo.
Admito que contigo siempre sobraron las palabras, aunque eso era lo que más nos caracterizaba, las pocas palabras. Eras de esos a los que no tenía que darle explicaciones de cada cosa que sucediera; que aunque te importase, tu orgullo siempre saldría vencedor de la batalla.
Fuiste de esos que en pocos meses entran dentro de ti, se agarran bien fuerte, y cuando llega la hora de irse, te dejan una cicatriz muy grande.
Pero sabes, han pasado tantas cosas en tan poco tiempo que ni me paro a echarte de menos.
Admito que alguna que otra vez me picó la curiosidad por saber cómo te iban las cosas y qué era de ti. Admito que alguna que otra vez miré tus fotos y recordé viejas conversaciones, viejas historias, viejas palabras.
Palabras que sin duda alguna, ahora son monedas de cambio. Palabras que ni recordarás. Como otras tantas cosas; aunque siendo sinceros a estas alturas de la vida, la memoria nunca fue tu fuerte.
Y quizás, por esa memoria tan mala, ahora actúes como si nunca hubiese sucedido algo, como si todo fuese alguna historia inventada, salida de alguna que otra mente con demasiada imaginación. Quizás por esa tan mala memoria que te caracteriza, por tu enorme orgullo, por el mío, nos encontremos en esta situación.
Quizás todo sea culpa de las apariencias.

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