¡Buenos días princesa!
¡He soñado toda la noche contigo!

miércoles, 30 de mayo de 2012

Duele echar de menos tanto como dientes en el alma.

Respiro. Respiro hondo y vuelvo a respirar.
Esa canción que consigue apartar el mundo real de tu mente y vuelve para recordarte que aún duele.
Duele. Ya no muy hondo, no tan dentro de ti que puedas sentirlo si cierras los ojos; pero duele.
Duele como una espina clavada en la yema de los dedos, como el pinchazo de una aguja, duele.
Duele como el sentimiento de saber que has fracasado. Lo diste todo, te jugaste todo lo que tenías en una única partida y sin más, fracasas.
Duele saber que no hay vuelta atrás, que no hay nada que puedas hacer. Duele recordar y recordarle. Y duele darse cuenta que se acaba, que te vas quedando sin respiración y tu tiempo se agota cada segundo que pasa. Y al final se marchita y las palabras quedan guardadas; quizás dentro de algún cajón, enterrados en la arena o en el fondo del mar.
Duele llorar la pérdida de algo que ya no existe, de algo que se ha acabado.
Duele echar de menos tanto como dientes en el alma.
Duele querer y no ser querido, pero sobre todo duele no poder decirlo.

http://www.youtube.com/watch?v=LLHE7e4AJ-Y

sábado, 21 de abril de 2012

Tuve mi oportunidad, y lo bueno siempre es lo que antes se va.

Me he sentado durante horas esperando a que volvieses, pero después de mucho tiempo y horas que se han escapado de mis manos por no poder contarlas, me he dado cuenta de que estoy sola en esto, y que no vas a volver.
También me he sentado y he escrito miles de palabras, he intentado decirte que te he echado de menos, que quizás aferrarme a la idea de que yo era capaz no ha funcionado y que te necesito más de lo que llegaba a imaginarme.
He esperado a que llamases para decirte cuánto siento todo esto, para ser capaz de explicarme aunque no encuentre las palabras necesarias para decir todo lo que pienso, aunque sintiese que en realidad no te importa.
Por querer ser esa tipa dura con la mayor de las corazas, esa que has destruido, por querer terminar todo cuando iba bien, porque era yo la que no quería salir mal parada, me he destruido, me he hecho añicos, y me he roto en trozos tan pequeños que es imposible juntar las piezas otra vez.
Y siento que me falta valentía, coraje. Pero me he cansado de fingir que todo marcha bien y ponerle una sonrisa a los problemas.
A estas alturas, solo me queda pedirte perdón.

domingo, 29 de enero de 2012

El frío cala hondo, llega para quedarse y te arrastra para no derrumbarse. Quiere cambiar tu vida y romper todos tus esquemas. Dejarte sin expectativas y vivir de todo lo viejo que ahora quema por dentro. Como la impotencia de una lágrima que no quiere caer por el vértigo o una sonrisa que no asoma por tener demasiados complejos. Todo el amor guardado en este tiempo, todas las noches queriendo un poco de eso que te llena cuando estás vacío por dentro. Algo que te haga llorar para sentir que todavía sabes como romperte en mil pedazos. La ansiedad que desgasta, como los pensamientos que se tienen al saber que cada día estás un poco más muerto. Porque la vida se me escapa de entre las manos, toma demasiados caminos innecesarios y me lleva a la autodestrucción sin tener ningún reparo. En una cárcel de dolor, en un infierno de placer y pecado, en una esquina o en cualquier tejado. Recuérdame porqué sigo sintiendo, porqué sigo pensando. Se me van de las manos, el tiempo que no para y las lágrimas en vano. Las agujas resuenan y yo quiero ser ellas. Encerrada junto al tiempo pero sin verlo pasar. Marcando los compases pero sin llegar a sabérmelos. Indiferente, pero con gente preocupada porque yo me desgasto. Quiero ser una aguja con eternidad dependiente de unas pilas. Quiero depender de no ser dependiente. Quiero ser su muerte, y si quiero, volver a cero para darles vida. Ser su contador, ese que les lleva por caminos de amargura, y a veces, les da alegría. Quiero que por mí se derramen lágrimas y también se regalen sonrisas. Quiero que miren como no paro, como nunca me detengo porque hago algo de provecho. Nunca iré a ninguna parte, pero es todo porque no sé de dónde vengo. Quiero ser tiempo que se desgasta pero sigue siendo eterno.Quiero ser eso que se te va de las manos porque no puedes pararlo. Hazte adicto a mí y verás todo el daño que hago. Porque me rompo y también puedo romperte a ti si haces algo innecesario. Destrozo y derribo. Construyo y nunca recapacito. Quiero ser algo que todos tienen en cuenta, pero que hasta que no se apaga, no se entiende cuan valioso era.

viernes, 6 de enero de 2012

La lluvia no para de susurrarme.

Recaigo en la adicción de tu invierno mientras todo se vuelve ruidoso tras mi retina. Huele a cafeína y a sueños atrapados bajo el colchón, la lluvia no para de susurrarme. Me duelen los huesos, aunque en realidad no los siento, solo noto el sabor amargo de la nostalgia. Nostalgia a mis recuerdos. Nostalgia a la nada en su significado absoluto. Guardo tus misterios en una taza de té, me los trago a palo seco y procedo a temblar de frío, tras notar el calor desaparecer de mi organismo. El calor del invierno me derrite el corazón, y aún así no consigue curarlo.
Veo pasar tus días, los míos, y me pierdo en la rutina, resbalo en el eco de tus mañanas, la melodía de sus prejuicios. Me miro y no veo nada más que lo que el pasado decidió olvidar, lo que podría haber sido, lo que nunca seré. Me camuflo en los viernes, que nunca me dejan en paz. La lluvia me desconcentra, me deja aturdida. Me llega hasta lo más hondo del alma. La cabezonería me nubla la vista y el orgullo me deja mal sabor de boca. Me dejo caer en lo que queda de sentido, no me arrepiento ni me voy a dar la oportunidad de hacerlo.

martes, 13 de diciembre de 2011

Una envidia futura a la felicidad presente.


Cuando las cosas van bien, existe ese miedo constante a que todo pueda romperse de repente. Una inutilidad dónde las haya, pero irremediablemente existente. Es como cuando comes fresas con nata y lamentas desde el principio que se van acabar en a penas minutos. Lo definiría, en parte, como una envidia futura a la felicidad presente.
Pero la envidia no es felicidad, así que intentas tomártelo como un algo efímero pero increíblemente valioso, porque todos tenemos problemas, y no por ello la vida deja de tener sentido.
O quizá no, quizá la consciencia de esa velocidad vital nos lleve a obsesionarnos de tal forma con aprovechar cada detalle al máximo, que acabamos perdiendo el norte. Como cuando intentas saborear tanto la última fresa que acaba perdiendo el sabor del final.
Pero poco a poco, caes lentamente en la cuenta de que has perdido más de la mitad de tu tiempo descubriendo cómo afrontas las pequeñas cosas, pensando en si das una mayor o menor importancia a los hechos, pasando media vida hablando de que "tenemos que hablar".
Tiempo perdido, y sobre todo,
muchas fresas sin comer.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Botellines de cerveza tirados por el suelo.

Hemos empezado a arreglar problemas que dábamos por perdidos y a dejar de poner excusas a lo que antes queríamos.
Han salido a relucir algunos secretos que guardados estaban mejor, pues ahora nos hacen más débiles.
Las letras de las canciones empiezan a cobrar un poco de sentido y los fines de semana son mejores si los paso contigo.
Botellines de cerveza tirados por el suelo; las sábanas revueltas y desechas, nosotros entre ellas y las luces apagadas. Solo un rayo de luz que entra por la ventana para avisarnos que está empezando a salir el sol.
Sale el sol, como la canción de Shakira. Un poco de fiesta y algunas lagunas mentales de donde los besos en un callejón de alguna esquina hablaban más que un par de palabras.
Un poco de sexo prohibido, y a escondidas, para que resulte más morboso.
Acostarme contigo y desaparecer por la mañana, fuera los compromisos.
Hacer como si fuésemos unos desconocidos, sentados en la barra de algún bar, con miradas que hasta el camarero podía entender.
Que dejen de haber te quieros y discutir contigo; echarte de menos.
Ven, que vamos a ser sinceros, yo te comeré la boca y tú rescatarás los te quieros.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Todo es cuestión de tiempo.

No es fácil tener que admitir que no te he olvidado. Lo he intentado, lo juro. Un millón de veces me he parado y me he propuesto que a partir de ese día serías cosa del pasado, pero ya ves, cada vez que vuelves a mí haces que mis piernas tiemblen y cada parte de mi cuerpo se estremezca.
Tienes la capacidad de que cada palabra que digas me haga quererte más.
Te he buscado, en otros brazos, en otros besos y en otras caricias que no eran las tuyas. Pero después de todo ahora sé que no hay dos iguales, y que por mucho que lo busque, no voy a encontrar a ningún otro como tú.
Has llegado después de tanto tiempo, intentando encontrar algo que estaba muy escondido, apagándose, y con una luz muy seca, apunto de marchitarse. Es posible que la oscuridad fuese el mejor lugar, pero, has traído tanta luz nueva, y bonita... que es como si el sol saliese después de años de lluvias y tormentas. Como si estuvieses apunto de perder una vida, y de repente, sin más, un respiro, un respiro de tranquilidad, de saber que estás ahí...
No sabes lo mal que lo he pasado. No tienes ni idea, ni la más mínima idea del daño que todo esto me ha causado. He pasado noches en vela pensando cuál había sido el problema. He pasado noches sentada en la cama, tapada con alguna manta, aunque hiciese calor, yo me moría de frío de tanto dolor.
Y ahora, solo intentas llegar a mí de alguna forma, y yo, yo creo que ya no quiero que llegues. Me duele decirlo, créeme, me duele tener que admitir que eres pasado, y el pasado, es olvido. No quiero decir que te vaya a olvidar, no... Los compararé a todos contigo, y seguiré buscándoles excusas, porque no son tú. Y cuando esté con ellos, pensaré en cómo sería ese momento si no fuesen ellos, si fueses tú.
No podré evitarlo, pero debería de haberlo hecho hace mucho tiempo.
Puedes tropezarte con la misma piedra una, dos, tres y hasta cuatro veces. Pero la quinta ya duele, duele de haberte caído tantas veces, y de haberte dado en el mismo lugar. Duele de no haber podido levantarte, y cuando creías que podías, volvías a caer. Duele.
Echaré de menos tu dulzura, tu horrible dulzura. Tu manera de hacerme sentir mejor, tu sinceridad y tu forma de quererme, a tu manera, a nuestra manera. Siempre serás tú, te lo prometo.
Quizás dentro de algunos años, cuando estos barrios cambien, posiblemente nos encontremos, tú y yo. Y te prometo intentarlo. Posiblemente no sea lo mismo, pero todo es cuestión de tiempo. Y nos merecemos el nuestro propio. Te lo prometo.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Esto es como el tetris, buscando dos piezas que encajen en un sitio, el dilema de toda vida.

Lo he intentado. He llegado aquí con la intención de contarte todo lo que no soy capaz de decirte a la cara.
Quizás porque me da miedo el qué seas capaz de decirme, quizás porque no quiero una respuesta negativa que me haga daño. Ya sabes, ya me conoces, tengo una coraza enorme que me protege. Y quizás por eso pase por momentos de tenerlo todo claro a nadar en un mar de dudas.
No me gustan las conversaciones serias, y odio si me apagan el fútbol. He visto todas las películas de la Saga de Crepúsculo, bueno, hasta la última que han sacado. Quizás, y solo quizás las haya visto porque sigo siendo una niña viendo cuentos de hadas ante sus ojos que en realidad no existen. Pero de algo se tiene que vivir.
No me dan miedo las películas de terror, pero me asusta saber que estarás detrás de esa pantalla leyendo esto.
Creo que tengo un serio problema con mis emociones. No soy estable. Sí, maduré muy rápido y digo que estoy bien con una sonrisa fingida porque pienso que yo sola puedo, pero empiezo a echar en falta sentarme en el sofá a tener conversaciones serias durante un par de horas, a los domingos lluviosos en casa, encerrados viendo alguna película que me haga querer quererte más. A tus buenos días y a tus buenas noches. No te voy a mentir, me encanta discutir, y si por mí fuese, me pasaría día y noche haciéndolo. Porque encuentro atractiva la forma de pedirse perdón de después, llámame idiota, pero me gusta.
Doy un millón de consejos sobre cómo ser sinceros con los demás, y aquí me tienes, escribiendo esto en un lugar que poca gente llega a visitar. Juro que lo he intentado un millón y una vez, pero será que no soy capaz de hacerlo. Que tengo dudas porque lo pienso. Esto es como el tetris, buscando dos piezas que encajen en un sitio, el dilema de toda vida. Ven y dime que tú no has jugado al tetris y no has buscado esa pieza que encajaba. Que has encontrado varias pero la partida finalizaba, que has fallado, una y mil veces, que no eres tan distinto como yo. Ven y dime que no lo has intentado, miénteme. Vamos a discutir un rato sobre lo absurdo que puede llegar a ser esto. Vamos a sentaros y a hablarlo, con cara y tono serio. Vamos, joder. Si una humana y un vampiro se pueden querer, se puede.

jueves, 17 de noviembre de 2011

A escondidas, dicen que eso da cierto morbo.

+Hola.
Bueno, no te voy a engañar, he ensayado esto tantas veces... Me he puesto delante del espejo de mi habitación y lo he intentado, ya sabes, bueno, decírtelo y esas cosas...
Sabes, da igual. Soy estúpida. Pensaba que podría funcionar, que yo te lo diría y tú pensarías lo mismo y lo intentaríamos y saldría bien. Tampoco hablo de tener un futuro, ni de casarnos y tener hijos, comprar una casa, hacer viajes a Disney Land Paris, pagar una hipoteca y acabar en una rutina diaria que nos consumiese.
Dios... Hablo demasiado, ¿verdad? Me lo suelen decir, que tengo que callar más, y escuchar. Ya sabes. Suelo hablar mucho cuando estoy nerviosa, no puedo evitarlo. Me enrollo y al final me pierdo. Ya ni recuerdo qué es lo que te quería decir.
Ah, sí. Mira... es posible que no funcione, sabes... no sé ni cómo decirlo. Dicen que tenemos que ir al grano y esas cosas... Dios, ya estoy otra vez.
Vale, allá va. Me g... me gustaría saber qué vas a hacer este sábado.. Si te apetecía ir al cine, ver una peli, o si quieres también podemos ir a la bolera. O ver un partido de fútbol, sabes, me gusta el fútbol. Me gustas.
Quiero decir... tampoco es que te quiera ni que me haya enamorado de ti, pero.. no sé, me gustas.
Soy idiota. Mis amigas dicen que en realidad eres un capricho de esos, pero, cuando me miras, no sé, puedo ver toda tu preocupación en tus ojos, y cuando estás nervioso te tocas la oreja. No mueves los pies ni te frotas las manos, no. Te tocas la oreja. Y tus ojos son tan azules que puedo ver el mar en ellos. Y me encanta  cuando cantas esas canciones horrorosas que tanto odio, y luego las escucho en la radio y.. pienso en ti. Y tu pelo despeinado por las mañanas, ya sabes, con esa cara de niño dormido, o cuando te quedas embobado pensando en algo, es como si estuvieses buscando musarañas en un lugar un tanto lejano.
Dices que mides 1,73 pero en realidad mides 1,70.
No sé, te gusta todo lo que a mí no, pero, podría gustarme si tú quisieras.
No quiero hablar de una relación, ni nada de eso.. me da miedo lo que pienses. Tampoco tiene por qué ser serio, ni formal, si quieres no lo puede saber nadie, ya sabes, a escondidas, como unos adolescentes rebeldes... dicen que eso da cierto morbo.
En definitiva.. no sé, ¿qué piensas? Di algo, por favor... Verde. Tu color favorito. El color de la esperanza. Va, venga, sí.
-Un poco de verde no vendría nada mal.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Días fríos y tragos amargos.

Inalcanzable. Inalcanzable y frustrante. Tanto como las estrellas a las que sabes que jamás podrás llegar o aquél sueño que sabes que ni en tus pesadillas se va a hacer realidad. Y depresiones, muchas depresiones. Noches de insomnio y mañanas de cafés. Tardes con ganas de comerte el mundo que acaban en tragedias escritas en cualquier portal de alguna calle poco inspiradora de la ciudad.
Vida inalcanzable hacia el mundo de los infiernos. Impulsos que luego provocan arrepentimientos, y ataques de ira repentinos. Nervios tras la última calada de aquél cigarro, y algún que otro ataque de ansiedad tras un hola que salió de sus labios. Histeria y grito.s reprimidos. Lágrimas bajo las sábanas y un puñado de recuerdos escritos en cualquier papel. Los dos últimos tragos de tequila, y conseguir perder el control.
Llamadas telefónicas que no acaban nunca y un adiós que terminan en lágrimas que determinan que no va a volver.
Vida de farándula y muerte de sueños. Consuelos perdidos y sonrisas fingidas de felicidad. Días fríos y tragos amargos. Fingir el dolor y nadar entre tu vida hecha pedazos. Y adiós cielo eterno y promesas sin cumplir. Yo me voy, y aquí te dejo, sin memorias, sin esfuerzos, sin más cosas que vivir. Átame con locura bajo las yemas de tus dedos. Deja que me vaya, pero no quieras que pase. Con aquello que dicen de qué l(a) vida está llena de (m)ens(a)jes subli(m)inal(e)s