Inalcanzable. Inalcanzable y frustrante. Tanto como las estrellas a las que sabes que jamás podrás llegar o aquél sueño que sabes que ni en tus pesadillas se va a hacer realidad. Y depresiones, muchas depresiones. Noches de insomnio y mañanas de cafés. Tardes con ganas de comerte el mundo que acaban en tragedias escritas en cualquier portal de alguna calle poco inspiradora de la ciudad.
Vida inalcanzable hacia el mundo de los infiernos. Impulsos que luego provocan arrepentimientos, y ataques de ira repentinos. Nervios tras la última calada de aquél cigarro, y algún que otro ataque de ansiedad tras un hola que salió de sus labios. Histeria y grito.s reprimidos. Lágrimas bajo las sábanas y un puñado de recuerdos escritos en cualquier papel. Los dos últimos tragos de tequila, y conseguir perder el control.
Llamadas telefónicas que no acaban nunca y un adiós que terminan en lágrimas que determinan que no va a volver.
Vida de farándula y muerte de sueños. Consuelos perdidos y sonrisas fingidas de felicidad. Días fríos y tragos amargos. Fingir el dolor y nadar entre tu vida hecha pedazos. Y adiós cielo eterno y promesas sin cumplir. Yo me voy, y aquí te dejo, sin memorias, sin esfuerzos, sin más cosas que vivir. Átame con locura bajo las yemas de tus dedos. Deja que me vaya, pero no quieras que pase. Con aquello que dicen de qué l(a) vida está llena de (m)ens(a)jes subli(m)inal(e)s
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