¡Buenos días princesa!
¡He soñado toda la noche contigo!

martes, 13 de diciembre de 2011

Una envidia futura a la felicidad presente.


Cuando las cosas van bien, existe ese miedo constante a que todo pueda romperse de repente. Una inutilidad dónde las haya, pero irremediablemente existente. Es como cuando comes fresas con nata y lamentas desde el principio que se van acabar en a penas minutos. Lo definiría, en parte, como una envidia futura a la felicidad presente.
Pero la envidia no es felicidad, así que intentas tomártelo como un algo efímero pero increíblemente valioso, porque todos tenemos problemas, y no por ello la vida deja de tener sentido.
O quizá no, quizá la consciencia de esa velocidad vital nos lleve a obsesionarnos de tal forma con aprovechar cada detalle al máximo, que acabamos perdiendo el norte. Como cuando intentas saborear tanto la última fresa que acaba perdiendo el sabor del final.
Pero poco a poco, caes lentamente en la cuenta de que has perdido más de la mitad de tu tiempo descubriendo cómo afrontas las pequeñas cosas, pensando en si das una mayor o menor importancia a los hechos, pasando media vida hablando de que "tenemos que hablar".
Tiempo perdido, y sobre todo,
muchas fresas sin comer.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Botellines de cerveza tirados por el suelo.

Hemos empezado a arreglar problemas que dábamos por perdidos y a dejar de poner excusas a lo que antes queríamos.
Han salido a relucir algunos secretos que guardados estaban mejor, pues ahora nos hacen más débiles.
Las letras de las canciones empiezan a cobrar un poco de sentido y los fines de semana son mejores si los paso contigo.
Botellines de cerveza tirados por el suelo; las sábanas revueltas y desechas, nosotros entre ellas y las luces apagadas. Solo un rayo de luz que entra por la ventana para avisarnos que está empezando a salir el sol.
Sale el sol, como la canción de Shakira. Un poco de fiesta y algunas lagunas mentales de donde los besos en un callejón de alguna esquina hablaban más que un par de palabras.
Un poco de sexo prohibido, y a escondidas, para que resulte más morboso.
Acostarme contigo y desaparecer por la mañana, fuera los compromisos.
Hacer como si fuésemos unos desconocidos, sentados en la barra de algún bar, con miradas que hasta el camarero podía entender.
Que dejen de haber te quieros y discutir contigo; echarte de menos.
Ven, que vamos a ser sinceros, yo te comeré la boca y tú rescatarás los te quieros.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Todo es cuestión de tiempo.

No es fácil tener que admitir que no te he olvidado. Lo he intentado, lo juro. Un millón de veces me he parado y me he propuesto que a partir de ese día serías cosa del pasado, pero ya ves, cada vez que vuelves a mí haces que mis piernas tiemblen y cada parte de mi cuerpo se estremezca.
Tienes la capacidad de que cada palabra que digas me haga quererte más.
Te he buscado, en otros brazos, en otros besos y en otras caricias que no eran las tuyas. Pero después de todo ahora sé que no hay dos iguales, y que por mucho que lo busque, no voy a encontrar a ningún otro como tú.
Has llegado después de tanto tiempo, intentando encontrar algo que estaba muy escondido, apagándose, y con una luz muy seca, apunto de marchitarse. Es posible que la oscuridad fuese el mejor lugar, pero, has traído tanta luz nueva, y bonita... que es como si el sol saliese después de años de lluvias y tormentas. Como si estuvieses apunto de perder una vida, y de repente, sin más, un respiro, un respiro de tranquilidad, de saber que estás ahí...
No sabes lo mal que lo he pasado. No tienes ni idea, ni la más mínima idea del daño que todo esto me ha causado. He pasado noches en vela pensando cuál había sido el problema. He pasado noches sentada en la cama, tapada con alguna manta, aunque hiciese calor, yo me moría de frío de tanto dolor.
Y ahora, solo intentas llegar a mí de alguna forma, y yo, yo creo que ya no quiero que llegues. Me duele decirlo, créeme, me duele tener que admitir que eres pasado, y el pasado, es olvido. No quiero decir que te vaya a olvidar, no... Los compararé a todos contigo, y seguiré buscándoles excusas, porque no son tú. Y cuando esté con ellos, pensaré en cómo sería ese momento si no fuesen ellos, si fueses tú.
No podré evitarlo, pero debería de haberlo hecho hace mucho tiempo.
Puedes tropezarte con la misma piedra una, dos, tres y hasta cuatro veces. Pero la quinta ya duele, duele de haberte caído tantas veces, y de haberte dado en el mismo lugar. Duele de no haber podido levantarte, y cuando creías que podías, volvías a caer. Duele.
Echaré de menos tu dulzura, tu horrible dulzura. Tu manera de hacerme sentir mejor, tu sinceridad y tu forma de quererme, a tu manera, a nuestra manera. Siempre serás tú, te lo prometo.
Quizás dentro de algunos años, cuando estos barrios cambien, posiblemente nos encontremos, tú y yo. Y te prometo intentarlo. Posiblemente no sea lo mismo, pero todo es cuestión de tiempo. Y nos merecemos el nuestro propio. Te lo prometo.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Esto es como el tetris, buscando dos piezas que encajen en un sitio, el dilema de toda vida.

Lo he intentado. He llegado aquí con la intención de contarte todo lo que no soy capaz de decirte a la cara.
Quizás porque me da miedo el qué seas capaz de decirme, quizás porque no quiero una respuesta negativa que me haga daño. Ya sabes, ya me conoces, tengo una coraza enorme que me protege. Y quizás por eso pase por momentos de tenerlo todo claro a nadar en un mar de dudas.
No me gustan las conversaciones serias, y odio si me apagan el fútbol. He visto todas las películas de la Saga de Crepúsculo, bueno, hasta la última que han sacado. Quizás, y solo quizás las haya visto porque sigo siendo una niña viendo cuentos de hadas ante sus ojos que en realidad no existen. Pero de algo se tiene que vivir.
No me dan miedo las películas de terror, pero me asusta saber que estarás detrás de esa pantalla leyendo esto.
Creo que tengo un serio problema con mis emociones. No soy estable. Sí, maduré muy rápido y digo que estoy bien con una sonrisa fingida porque pienso que yo sola puedo, pero empiezo a echar en falta sentarme en el sofá a tener conversaciones serias durante un par de horas, a los domingos lluviosos en casa, encerrados viendo alguna película que me haga querer quererte más. A tus buenos días y a tus buenas noches. No te voy a mentir, me encanta discutir, y si por mí fuese, me pasaría día y noche haciéndolo. Porque encuentro atractiva la forma de pedirse perdón de después, llámame idiota, pero me gusta.
Doy un millón de consejos sobre cómo ser sinceros con los demás, y aquí me tienes, escribiendo esto en un lugar que poca gente llega a visitar. Juro que lo he intentado un millón y una vez, pero será que no soy capaz de hacerlo. Que tengo dudas porque lo pienso. Esto es como el tetris, buscando dos piezas que encajen en un sitio, el dilema de toda vida. Ven y dime que tú no has jugado al tetris y no has buscado esa pieza que encajaba. Que has encontrado varias pero la partida finalizaba, que has fallado, una y mil veces, que no eres tan distinto como yo. Ven y dime que no lo has intentado, miénteme. Vamos a discutir un rato sobre lo absurdo que puede llegar a ser esto. Vamos a sentaros y a hablarlo, con cara y tono serio. Vamos, joder. Si una humana y un vampiro se pueden querer, se puede.

jueves, 17 de noviembre de 2011

A escondidas, dicen que eso da cierto morbo.

+Hola.
Bueno, no te voy a engañar, he ensayado esto tantas veces... Me he puesto delante del espejo de mi habitación y lo he intentado, ya sabes, bueno, decírtelo y esas cosas...
Sabes, da igual. Soy estúpida. Pensaba que podría funcionar, que yo te lo diría y tú pensarías lo mismo y lo intentaríamos y saldría bien. Tampoco hablo de tener un futuro, ni de casarnos y tener hijos, comprar una casa, hacer viajes a Disney Land Paris, pagar una hipoteca y acabar en una rutina diaria que nos consumiese.
Dios... Hablo demasiado, ¿verdad? Me lo suelen decir, que tengo que callar más, y escuchar. Ya sabes. Suelo hablar mucho cuando estoy nerviosa, no puedo evitarlo. Me enrollo y al final me pierdo. Ya ni recuerdo qué es lo que te quería decir.
Ah, sí. Mira... es posible que no funcione, sabes... no sé ni cómo decirlo. Dicen que tenemos que ir al grano y esas cosas... Dios, ya estoy otra vez.
Vale, allá va. Me g... me gustaría saber qué vas a hacer este sábado.. Si te apetecía ir al cine, ver una peli, o si quieres también podemos ir a la bolera. O ver un partido de fútbol, sabes, me gusta el fútbol. Me gustas.
Quiero decir... tampoco es que te quiera ni que me haya enamorado de ti, pero.. no sé, me gustas.
Soy idiota. Mis amigas dicen que en realidad eres un capricho de esos, pero, cuando me miras, no sé, puedo ver toda tu preocupación en tus ojos, y cuando estás nervioso te tocas la oreja. No mueves los pies ni te frotas las manos, no. Te tocas la oreja. Y tus ojos son tan azules que puedo ver el mar en ellos. Y me encanta  cuando cantas esas canciones horrorosas que tanto odio, y luego las escucho en la radio y.. pienso en ti. Y tu pelo despeinado por las mañanas, ya sabes, con esa cara de niño dormido, o cuando te quedas embobado pensando en algo, es como si estuvieses buscando musarañas en un lugar un tanto lejano.
Dices que mides 1,73 pero en realidad mides 1,70.
No sé, te gusta todo lo que a mí no, pero, podría gustarme si tú quisieras.
No quiero hablar de una relación, ni nada de eso.. me da miedo lo que pienses. Tampoco tiene por qué ser serio, ni formal, si quieres no lo puede saber nadie, ya sabes, a escondidas, como unos adolescentes rebeldes... dicen que eso da cierto morbo.
En definitiva.. no sé, ¿qué piensas? Di algo, por favor... Verde. Tu color favorito. El color de la esperanza. Va, venga, sí.
-Un poco de verde no vendría nada mal.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Días fríos y tragos amargos.

Inalcanzable. Inalcanzable y frustrante. Tanto como las estrellas a las que sabes que jamás podrás llegar o aquél sueño que sabes que ni en tus pesadillas se va a hacer realidad. Y depresiones, muchas depresiones. Noches de insomnio y mañanas de cafés. Tardes con ganas de comerte el mundo que acaban en tragedias escritas en cualquier portal de alguna calle poco inspiradora de la ciudad.
Vida inalcanzable hacia el mundo de los infiernos. Impulsos que luego provocan arrepentimientos, y ataques de ira repentinos. Nervios tras la última calada de aquél cigarro, y algún que otro ataque de ansiedad tras un hola que salió de sus labios. Histeria y grito.s reprimidos. Lágrimas bajo las sábanas y un puñado de recuerdos escritos en cualquier papel. Los dos últimos tragos de tequila, y conseguir perder el control.
Llamadas telefónicas que no acaban nunca y un adiós que terminan en lágrimas que determinan que no va a volver.
Vida de farándula y muerte de sueños. Consuelos perdidos y sonrisas fingidas de felicidad. Días fríos y tragos amargos. Fingir el dolor y nadar entre tu vida hecha pedazos. Y adiós cielo eterno y promesas sin cumplir. Yo me voy, y aquí te dejo, sin memorias, sin esfuerzos, sin más cosas que vivir. Átame con locura bajo las yemas de tus dedos. Deja que me vaya, pero no quieras que pase. Con aquello que dicen de qué l(a) vida está llena de (m)ens(a)jes subli(m)inal(e)s

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Será cosa del tiempo.

Nos hemos dejado, hemos caído en la rutina y nos hemos olvidado de lo que verdaderamente importa.
Tampoco habían muchas cosas que importasen de verdad: los mínimos detalles, un par de sonrisas por la noche con un par de palabras que significaban algo, una cena juntos y un "buenas noches".
No me sorprendería que un día de estos vinieses a contarme que te has enamorado y no soy yo. Que hace temblar todas las partes de tu cuerpo, que te lleva a lugares inimaginables, y te hace sentir cosas que nadie te podrá hacer sentir jamás.
Hace tiempo que se te nota distante, nuestras conversaciones han acabado en un intento por no perder lo poco que queda ya. Nos hemos acostumbrado a casi ni hablar, tampoco a mirarnos, hay miradas que duelen.
Quizás deberíamos sentarnos a hablar sobre esto; la magia, el entusiasmo y la felicidad se han marchitado junto a las horas de ruido.
Dormir ya no soluciona nada; es posible que lo hayamos intentado todo, o casi todo. El miedo se apodera de soluciones que no somos capaces de ver.
Quizás hayamos perdido facultades, hayamos cambiado y nos hayamos agarrado a ideas y sueños que no son nuestros. Quizás solo nos quede levantarnos una mañana y darnos cuenta que ese no es nuestro sitio, que hace tiempo que dejó de ser algo, y hace tiempo que dejamos de ser nosotros.
Mientras tanto, posiblemente solo nos quede la espera, y es posible que pueda ser larga.
Tiempo... solo eso. Solo eso de lo que nos sobra.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Que si te falta el aire yo te daré del mío.

Por un par de minutos me he parado a recordarte. Apareciste de nuevo tan inesperadamente como cae la lluvia en New York.
Has vuelto para decirme cuánto me echabas de menos, cuánto hemos pasado juntos, y qué poco nos queda.
Tenías razón cuando decías que las conversaciones estúpidas tienen sentido cuando las hablas con alguien especial.

Ven a despertarme, con tu sonrisa de oreja a oreja. Déjame que te pida cinco minutos más, hazme cosquillas hasta que me muera de la risa. Ven y dime que me quieres, como solías hacer, y fíjate si me gustaba que me estremecía entre palabras y besos ya lejanos.
Me preguntaste: "¿Qué nos ha pasado?" yo te dije que no sabía qué responder. Has estado llenándome de halagos tanto tiempo, has estado hablándome tanto, escuchándome a todas horas, que ahora me he quedado sin argumentos.
A estas alturas he de decirte que yo también te he echado de menos.
-"Vamos a jugar a un juego. Yo te voy a querer hasta morir y tú te harás la dura. Serás mi suerte, mi estrella."
Con tus alas me despeinaste entera. Volaste tan alto, soñaste tanto, que en algún lugar me perdí.
Cogeremos el próximo tren, no compraremos billete, cometeremos locuras, entraremos en vagones desconocidos. Jugaremos a ser dos extraños tímidos que con una mirada son capaces de comerse el mundo. Te diré que te quiero al oído mientras intento escapar. Nos mirarán extrañados, ¿pero cuándo importó lo que dijese el resto?.
Dime que me quieres, una vez más, solo una más.

miércoles, 27 de julio de 2011

Dime que tienes diez céntimos para dos chicles y muchas ganas de viajar.

¿Sabes? Me he dado cuenta que no puedo engañar a nadie diciendo que no te he estado echando de menos, que no pensé en ti, que ya no recordaba cuál era tu nombre.
Y por raro que parezca, no es amor. Es tan extraño como tú.
Tú, con esa capacidad para hacer que todo sea único. Con tu bordería por instantes, con tu sequedad. Con infinitas características, eres capaz de hacer que el tiempo no se lleve las palabras.
A decir verdad, he de confesar que tienes razón: me importaste, y quizás aún lo hagas.
Créeme cuando te digo que unas cuantas veces pensé en decirte algo, en parar el reloj a las doce en punto para no cambiar de día y preguntarte cómo te iban las cosas. Aunque te resultase extraño por aquél orgulloso final; y digo orgulloso porque el orgullo siempre nos pudo. Quizás sea nuestro fuerte.
Tus ganas de fastidiar, mis ganas de darle mil vueltas a las cosas, tus ganas de hablar, mis ganas de volar.
Y que quizás todo esto solo sea fruto de un par de palabras y de dos mentes locas con ganas de olvidar.

Vámonos. Dime que tienes diez céntimos para dos chicles y muchas ganas de viajar. Que contigo me voy al fin del mundo. Que con estar en silencio es suficiente, que no hace falta hablar por el camino. Que dormiré contigo cada noche en mitad del desierto. Sin coches, sin personas, sin ruido.
Solo tú y yo. Nosotros.

domingo, 24 de julio de 2011

Desde que has vuelto a mi vida, hemos vuelto a la rutina.

Por una vez me gustaría que lo intentásemos. Intentar a ser sinceros, a decirnos todo lo que no fuimos capaces de decir. A comernos la boca con un solo beso. A callarnos con él.
Por una vez me gustaría que todo fuese un tanto distinto. Que perdieses la cabeza y nos largásemos de aquí. Que me lleves a lugares que aún no he visto.
A entrar en un bar, irnos sin pagar, salir corriendo, huir, acabar perdidos en un callejón...
Que entre risas y carcajadas se pasen las horas. Quedarnos en silencio, tú aislado con tu ego, mientras yo juego a inventar historias aún no contadas.
Por una vez me gustaría que saliésemos de esta rutina diaria que con el paso de los meses nos ha ido destruyendo poco a poco.
Por una vez me gustaría que hablases hasta perder el conocimiento.
A ser tú, yo, nosotros.

domingo, 17 de julio de 2011

Pero no te confíes...

Durante algún tiempo estuve planteándome la idea de que fueses algo. Algo pequeño, insignificante... pero algo.
Admito que contigo siempre sobraron las palabras, aunque eso era lo que más nos caracterizaba, las pocas palabras. Eras de esos a los que no tenía que darle explicaciones de cada cosa que sucediera; que aunque te importase, tu orgullo siempre saldría vencedor de la batalla.
Fuiste de esos que en pocos meses entran dentro de ti, se agarran bien fuerte, y cuando llega la hora de irse, te dejan una cicatriz muy grande.
Pero sabes, han pasado tantas cosas en tan poco tiempo que ni me paro a echarte de menos.
Admito que alguna que otra vez me picó la curiosidad por saber cómo te iban las cosas y qué era de ti. Admito que alguna que otra vez miré tus fotos y recordé viejas conversaciones, viejas historias, viejas palabras.
Palabras que sin duda alguna, ahora son monedas de cambio. Palabras que ni recordarás. Como otras tantas cosas; aunque siendo sinceros a estas alturas de la vida, la memoria nunca fue tu fuerte.
Y quizás, por esa memoria tan mala, ahora actúes como si nunca hubiese sucedido algo, como si todo fuese alguna historia inventada, salida de alguna que otra mente con demasiada imaginación. Quizás por esa tan mala memoria que te caracteriza, por tu enorme orgullo, por el mío, nos encontremos en esta situación.
Quizás todo sea culpa de las apariencias.

miércoles, 29 de junio de 2011

Me he convertido en una niña enamorada que todo le recuerda a ti.

Te prometo que lo he estado intentando. Intentando sacarte de mi mente, hacer un gran borrón y cuenta nueva, olvidar, tener amnesia, cómo me gustaría tener esa amnesia... No porque no haya sido bonito, porque no te haya querido o porque tú no me quieras, no. Tener amnesia para poder dormir por las noches, levantarme cada mañana con una cosa distinta en mi mente, una cara distinta día a día, que mis amigas me viesen feliz...

Porque te echo de menos, y me siento débil, muy débil. Empiezo a perder mis fuerzas, mis ánimos, mi felicidad. No porque te la hayas llevado, sino porque se fue desde que no estás.
Te prometo que me pongo un objetivo día a día, que vivo como siempre he querido, que a mi alrededor todo está bien, pero soy yo. He dejado de ser yo, de que me importen los mínimos detalles, de que viva el día a día como si fuese el último en mi vida. He dejado de preocuparme por lo que verdaderamente importa. Me he convertido en una niña enamorada que todo le recuerda a ti. Que es incapaz de borrar recuerdos, o dejarlos en otro lado, para que se conviertan en solitarios y poco a poco desvanezcan.
He empezado a llorar por las noches sin cuestión alguna. A que esto, y con esto me refiero a lo que hubo y se quedó estancado en un pasado no tan lejano, en un laberinto sin salida, en un mar sin islas, se haya marchitado. A que me duela, a convertirlo en un deseo que no se puede cumplir, ya se cumplió.
He empezado a usar la típica frase: "ya lo he olvidado"; "ya no me gusta, y muchos menos le quiero"; "no significó nada"; "fue bonito mientras duró"; "no le echo de menos". Pero a quién quiero engañar. Te echo de menos cada día y pienso que aún podría ser bonito. Significó más de lo que otras personas han podido significar, me gustas, y posiblemente aún te quiera. Y no, muy a mi pesar, no te he olvidado.

martes, 24 de mayo de 2011

Jugar a esconderse y encontrarte.


Discutir el nombre de ese nuevo corazón interior. Llamarte por tu no-nombre. Saber que estoy inevitablemente e irrevocablemente amarrada a ti. Verte a rayas y a veces verte en arco iris. Alimentarme de tus lágrimas bonitas y echar a ascuas las jodidas. Descubrir que has cambiado el punto de libro y lo has puesto otra vez en el prólogo. Sin final. Bailar agarrados de ojos y cabeza entre el parqué. Jugar a esconderse y encontrarte. Siempre encontrarte. Imaginar que estamos en el metro sin ganas de desenamorarnos y con frases de película. Sal de ese bolsillo de chaqueta tejana, no te sienta bien estar sin nuestros besos. Explicarte lo que hemos sido en todo este tiempo aunque seamos norte y sur. Septiembre. Mayo. Tengo ganas de ti. El mundo de verdad solo han sido nueve meses. Sin-fin vivido sin querer. Nacimiento entre mentiras y final amargo, derrochando odio sin parar. Ganas de arrojarme en medio de la carretera, ganas de dejarse llevar, intuir lo que vendrá, morir. Una vez en el lugar adecuado, voy a encontrar el tiempo. Los puntos suspensivos me han dicho que tengo que hacerlo sola. Todo te lo has inventado, yo solo creía que los helados sabrían a algo mientras tu estuvieras aquí. Te quiero tanto, tanto. Pero es verdad. Te vas. Te has ido. Y yo sigo aquí, con los zapatos desabrochados y un sentimiento aún no descubierto.

Las temperaturas se han marchado con el norte.

Como un cojo pintando, como un ciego que roza las imágenes en mitad de la noche, en sus sueños. Algún día fueron reales. Me mantengo al límite y empiezo a preguntarme qué es verdad.
Debe haber un camino que jamás empecé, y un final que ni si quiera atreví a imaginar. Me he mantenido días y más días hablándole a ese camino, sin importar que sea real o no. Hoy charlar con una ilusión es el resultado de mis dedos. Yo, y mi arte atrofiado impedimos desde un principio que se materializase aquel sendero.
Ahora desde donde relinchan disparos de salida, no hay más que una bala humeante, olor a pólvora burlona. Sin metas, sin senderos, con imágenes derretidas.

Tan solo quedan dos balas a ese pistolero y tú absuelto del peso de la culpa, te retratas como una batalla perdida, y continuas ahí en el comienzo de un camino, mientras la arena vuela y te empapa los cabellos.
Ahora lograr entender es quizá tu capricho más prohibido, ahora tan solo un lugar parece desvanecerte con la gracia de los desiertos. Es ese lugar en el que encajar, siempre hay algún lugar al que mirar.
Viento y más viento, bolsas elevándose, inundadas de aire hirviendo.
En unos segundos te diré que todo ha terminado, que las temperaturas se han marchado con el norte y ya no hay donde más correr. Déjame ser la doctora de tus momias, busco y busco esa sangre fluctuante en tus brazos envejecidos ¡pero si no eres más que un crío! con la boca sedienta, ¿no quieres un poco de agua?
Pronto me digo he aquí... ¡Restos de un pulso vivaz se distorsionan entre tus antebrazos, no te dejes morir, no me dejes vencer! No quiero que formes parte de mi necrópolis, yo solo quiero verte galopar, como una hiena harta de carroña...
Presionan el gatillo. Fin de la carrera.
Después de tí, fallece el aroma de bala.

domingo, 1 de mayo de 2011

Lo que le falta al tiempo.

Tantos años pasando la vida, percibiendo a través de la cámara los dolores ajenos. Haciendo como si todo tuviera un sentido, o dos, o tres. Metiéndose a hacer arqueología del alma en los ojos de los fotografiados, ausentes con cara de pasar por la vida sin pena y con gloria. La gran mentira. Muchos de ellos, con sus existencias disonantes y sus deseos aparcados.
Tantos años buscando desenmascarar unas realidades universales ocultas, que sólo la madurez enseña sin piedad. Que la vida es un ir y venir de la nada a la nada. Que somos unos pobres hámsteres enjaulados, haciendo girar una rueda que no nos lleva a ninguna parte y, a cambio, nos agota hasta hacernos creer que hemos recorrido muchos kilómetros de vida y que nuestro esfuerzo ha valido la pena y merecemos dormir, porque mañana será otro día. Más ilusiones, nuevas metas o retos que nos vuelven a hacer girar la rueda, para andar, andar y andar, sin dar ni un solo paso que nos conduzca a algún paraíso perdido donde todo cobre un sentido.
Sí. Estaba aburrida, y vacía, y sin ánimos, y se sentía sola, inmensamente sola y con el alma cansada.

martes, 5 de abril de 2011

Ya no sé si realmente existes o es cosa de mi locura diaria.

Quizás esto se nos haya escapado de las manos. Quizás lo hayamos llevado a un extremo, del cual ya no hay salida. Quizás te esté echando tanto de menos que es ahora cuando empiezo a darme cuenta de que quererte nunca fue algo bueno, y de qué ésto nos está matando, o al menos a mí.
Que no hablar contigo me está volviendo loca, y no poder verte siempre hizo que debiera estar encerrada en un manicomio, en una habitación con cuatro paredes y una foto tuya en el techo.
Ahora empiezo a darme cuenta de en quienes nos hemos convertido, y cómo nos estamos dejando.
Me decían de pequeña: "No te enamores princesa, jamás lo hagas; entonces sí que sufrirás". Y qué razón tenían; pues ahora es cuando sufro más de lo que nunca me había dolido querer.
Empiezo a verme fea, estúpida y algo ignorante. Empiezo a sentarme en tu lado del sofá, a comer helado y chocolate mientras lloro por tu ausencia. Empiezo a echarte tanto de menos que vivo al final del túnel; con la diferencia de que mi luz está apagada y nadie me ilumina.
Ya no sé cuál es mi camino y si alguna vez lo hubo. Ya no sé si realmente existes o es cosa de mi locura diaria.

lunes, 21 de marzo de 2011

Los tipos malos son muy malos y los tipos buenos no son tan buenos.

El tiempo funciona sin pilas. Los trenes no esperan y se largan. Los capuchones de los bolígrafos se pierden. Las palabras son inversamente proporcionales a todo lo que queremos decir. La batería de los móviles siempre falla. Las miradas ya son sin compromisos. Las drogas un medio de vida. La música pierde interés por sus letras. Los ordenadores tienen un chip para no querer volver a encenderse cada dos años. Los zapatos se desgastan. El amor se denuncia por malos tratos. Los sueños siempre llegan con retraso. El pasado te hace rebobinar tu vida. Los días martes y trece conspiran contra a ti. Los besos se agotan. La esperanza desespera. Las leyes se imponen sin venir a cuento. El tabaco mata. Los lunes son odiosos. Las relaciones se destiñen. Los compromisos se desentienden. Las luces se funden. Tu maleta pesa más de la cuenta. Los autobuses marean. Los sentimientos se confunden. Los semáforos siempre se ponen colorados si los miras. Los bordillos están dónde no te los esperas. Las prisas te retrasan. Los momentos son instantes. Los perros ladran por que sí. Y los gatos son muy perros. Los tipos malos son muy malos y los tipos buenos no son tan buenos.

viernes, 4 de marzo de 2011

Hoy no entiendo de nada.


Hoy, debería prestar atención
y hacerle caso a la situación,
esta que vivimos: ciencia ficción.
Hoy que quema el mar y ahoga el sol,
que nace el odio y muere el amor,
y nada compartimos.

Yo solo sé
Que si tanto tienes, tanto vales.
No sé porque
A veces es mejor fingir que da igual,
Y así nos va.
Mejor dejarlo “pa” otro día.
Que todo vuelve en la medida
de lo que hagas en la vida
que es tan tuya y mía.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Que la vida está para vivirla.

Y que seas capaz de hacer que el mundo cambie cuando sonríes...
Que tus copas de Jack Daniel's solo sean un par de veces entre semana, y emborracharte hasta perder el conocimiento los sábados, con tu maravillosa locura y con tu amor por la fiesta.
Que desbordes alegría por cada rincón por el que pases y qué tu amor incondicional por el fútbol solo sea los días importantes, para que me vuelvas loca, como de costumbre.



















Que no exista un mundo totalmente paralelo a este, quién sabe cómo será... Y quién sabe si serías capaz de gobernarlo, con tu ternura, tu pasión por los libros, la música y quedarte en casa.
Que seas capaz de conseguir que lo más "moñas" sea lo mejor que le puedan decir a alguien en un día entero y se le quiten las penas, puesto que la vida está para vivirla, quién sabe si mañana seguirá ahí.

jueves, 17 de febrero de 2011

Aún peor que la muerte.

Y es como si esta puta obsesión nos estuviera matando.
Como si tener que recordar todos los días que me haces jodidamente feliz fuera un obstáculo. Como si que me dijeras "te quiero", fuera la peor de las pesadillas.
Una noche con pasta y vino la mejor de las citas y, después que las horas pasen lentamente, como si cada segundo fuera un universo entero apunto de acabarse. Como si el Sol dejara de dar luz al mundo, como si la luna dejara cada noche de salir. Algo que posiblemente pase algún día pero que nadie desea.
¿Perderte? Aún peor que la muerte.

sábado, 5 de febrero de 2011

De las que con un par de Bifrutas les basta.

Con el paso de este último tiempo, desde la última vez que decidí sincerarme, he ido aprendiendo un par de cosas sobre mí misma.
He aprendido a admitir que el pánico me atrapa cuando me hablan de la muerte, aunque sé que no duraré siempre. Me aterra el olvido porque no sé quién se acordará de mí de aquí a un par de años. Sí, soy de las que les importa lo que la gente opine y diga, soy de las que no creen en el amor eterno y odian las moñadas aunque yo misma sea la primera que las diga. Soy de las que son duras en una primera cita y se vuelven blandas en la segunda. Odio las injusticias y soy de las que lucha contra ellas



Soy de las que siguen viendo películas de Disney por miedo a admitir que han crecido y no puedo seguir siendo una niña, de esas que con un par de barbys sentadas en el suelo del comedor, de una casa un tanto antigua, se sienten feliz. Soy de las que cortan a una persona cuando habla, sin poder evitarlo, y río mientras tanto. Soy de las que tienen un pequeño lunar escondido por alguna parte del cuerpo.
Soy de las que odian tener que correr diariamente, tan solo porque en la televisión dicen que el ejercicio diario te ayuda a estar más sano. Soy de las que se come, poco a poco, una cuchara con sal, sin importarme que me repitan cada rato que es malo para la salud, y que acabaré muriendo a causa de ello.
Soy de las que adora comerse un helado; y si es posible de nata, en pleno invierno, lloviendo y a pocos grados de alcanzar el frío interno, tanto, que te deje apenas sin aliento.
Soy de las que odia la lluvia, pero canta y baila bajo ella; sin importarme resfriarme o coger una gran pulmonía.
Soy de las que odia tener que estar quieta, y soy de las que odia el silencio absoluto, tanto, que ni se escuchen los andares de mi tripa pidiéndome a gritos un par de regalices para comer.
Soy de las que canta bajo la ducha y de las que es capaz de gritar a los cuatro vientos que es feliz con los mínimos detalles, los que suelen y son, sin duda alguna, los más importantes.
Soy de las critican, casi siempre todo y de las que luchan por todo; incluso en rebajas.
Soy de las que siempre están ahí y no desaparecen cuando la cosa empieza a ponerse de un color oscuro, tanto, que empiece incluso a dar miedo.
Sí, soy de las que se quedan dormida en la parte más interesante de la película y se despiertan diciendo que ha estado increíble, con una sonrisa de oreja a oreja y los ojos medio cerrados por el recién despertar.
Soy de las que odia la arena de la playa, o más bien, que entre en mis zapatos y mis pies empiecen a notar algo, tanto que ya no continúen con su paseo.
Soy la persona más cabezota del universo y de las que nunca dan la razón. Soy un tanto egocéntrica.
Soy de las que adoran la fiesta allá donde esté, pero no de las que beben hasta perder el conocimiento, si no de las que con un par de Bifrutas les basta.
Sí, soy esa persona indecisa que duda en los momentos más decisivos en la vida de una. De las que, en estos instantes, ya empieza a dudar.

domingo, 2 de enero de 2011

Somos un tornado de verano.

Y puede que todo sea más fácil si las palabras no las ponemos como protagonistas, si nos dejamos vencer por las fuerzas del pecho, si nos tomamos esto quizás con un poco más de calma y un éxtasis de confianza.
Nada quita que mañana nos lancemos las zarpas y nos cosamos a puñales con nuestra propia perdición, donde decimos que no somos nosotros los que controlan lo que ocurre con el resto del mundo, pero quizás, y recalco el quizás, mañana ya no tengas esa luz y la música que tienes ahora, y todo haya cambiado.

Procuremos que todo sea válido y mantengamos la esperanza, por mínima que sea, de sufrir esto juntos, porque ahora mismo, aquí, somos un tornado de verano, dispuestos a arrasar con el sofá.
Hoy te quiero, mañana seguramente más que hoy, pero por si acaso, he comprado sábanas nuevas y una playa, aunque sea invierno.